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Charla sobre Organización (Silo)

Mendoza, 25 de diciembre de 1973



Pregunta: ¿Cuál sería la mejor forma de encarar el aspecto organización en general?

Respuesta:Todo lo que hace a organización debe tener en cuenta a como procede la naturaleza. La naturaleza antes del surgimiento del hombre tuvo su organización, la naturaleza está en organización. La naturaleza se desarrolla organizadamente desde las especies animales y vegetales inferiores hasta la cumbre de la organización que es el hombre.

La naturaleza trabaja multifacéticamente, tiene distintas formas de organización. En el mamífero superior, donde aparecen ya formas tribales de organización, empieza a perfeccionarse el agrupamiento, y en el homo sapiens de hoy, en el homo sapiens contemporáneo estas formas de agrupamiento son sumamente complejas. El hombre fue organizándose tribalmente, y existían otras formas rudimentarias anteriores a la tribu, pero en lo que hizo a la formación de su organización política, o su organización religiosa, o su organización social, fueron dándose las organizaciones de acuerdo al momento histórico en que el hombre procedía, de tal manera que cada momento histórico produjo su tipo de organización. No obstante eso y en general, se puede hablar de organizaciones verticales, horizontales, abiertas, cerradas, ¿se fijan ustedes?

Del mismo modo que a cada momento histórico correspondió un tipo de organización, también a cada ideología corresponde y correspondió su tipo de organización. (…)

Si consideramos nuestro quehacer como el quehacer de máximo desarrollo y de máxima complejificación del espíritu del hombre, nuestro tipo de organización, si tuviera que existir, debería ser acorde con nuestra forma de ver las cosas, con nuestra Doctrina.

De manera que nuestra organización no puede limitarse a ser vertical, horizontal, abierta, cerrada, etc... Nuestra organización, si existiera, debería ser acorde con nuestra Doctrina, y he aquí que nuestra Doctrina básicamente es interna. Por lo tanto nuestra organización debería ser interna, pero ¿cómo es posible que exista una organización interna? Una organización interna es tal porque los aparatos que puedan generarse de acción en el medio no son lo sustantivo sino los adjetivo, los aparatos son secundarios, son el aspecto externo de manifestación. (…)

En otras palabras, que nadie tendría por que desorientarse si hoy producimos una hilandería, si hoy producimos una fábrica de... cosméticos, si hoy producimos una religión, un partido, un centro cultural de acuerdo a las circunstancias, de acuerdo a las conveniencias del momento.

Nadie puede desorientarse si en un área en el mundo alguien sale con un partido, eso no significa que nuestra línea vaya en sentido político. O que en otra área del mundo se salga con una religión. Eso no significa nada, eso son formas externas de acción en el medio. Quien se equivoca con esto y confunde la organización externa que es una cuestión de suma de aparatos ocasionales, reemplazables unos por otros, quien confunde esto no conoce profundamente la Doctrina.

La organización nuestra no debería ser externa, debería ser básicamente interna. De tal modo que así como existe una suerte de personalidad y círculos externos de personalidad, también debería existir un centro de gravedad interno, una suerte de esencia desde el punto de vista organizativo. Eso es lo que no debería variar, y la organización interna de tipo esencial tiene que ver más bien con las funciones propias de la vida, en otras palabras, los organismos se reproducen, los organismos se nutren, los organismos se mueven.

Internamente considerada esta supuesta organización que tendríamos nosotros, debería ser tal que cada individuo fuera la organización. Cada individuo entonces debería comprender muy bien que él es el movimiento. Cada individuo debería darse cuenta que su función consiste en reproducirse como los organismos, pero no sólo reproducirse sino recambiarse también.

Porque así como se produce una deficiencia en un órgano cualquiera, o después de un accidente, así como se reconstituyen los tejidos, así también donde se produce una ruptura, nuestro individuo debería ser capaz de regenerar esa ruptura. De manera que no se trata sólo de la multiplicación, sino también de la regeneración. (…)

Cualificar es lo que más nos importa, en la medida en que más se cualifique todo lo demás funciona. Así que no nos importa a nosotros en absoluto las jerarquías, las diferenciaciones estructurales, nos interesa todo lo contrario, las mezclas de niveles, la rotación de niveles, la generación de funciones. A mayor cantidad de funciones, mayor participación de todos los miembros que actúan con nosotros en esta Doctrina. De tal manera que muchos problemas que pudiera tener la gente a veces, son problemas de simple participación, de sentirse parte, partícipe. ¿No es cierto?

Quisiera agregar algo más con esto, nosotros estamos viendo este problema de la organización como en estática, observándolo dinámicamente, vemos que las organizaciones van mudando. Si nosotros iniciáramos por primera vez una organización, diríamos que partimos de formas verticales para de ahí trasladarnos a formas horizontales y por último, de las formas horizontales pasar a las organizaciones internas en cada individuo. De manera que lo viejo vertical debe ser superado por lo nuevo horizontal, pero a la vez envejece y debe ser superado por lo nuevo interno. Que es lo que corresponde precisamente a nuestra Doctrina, la internalización. ¿Se fijan ustedes?

Entonces ya no son necesario personas, alguien al cual hay que referirse, alguien que dirige. Nadie dirige nada, por la sencilla razón de que el proceso mismo lleva a internalizar el concepto de organización. (…)

Pregunta: ¿Cómo verías los problemas de relaciones tanto con el sistema como las relaciones internas dentro de la organización?

Respuesta: Cuando hablamos de organización en general hablamos de un individuo en proceso. Cuando hablamos de relación hablamos del término medio.

El sistema de relaciones que existe para un individuo es un sistema de relaciones con su medio. No puede interpretarse que el medio en que vive alguien que participa de nuestra Doctrina es el conjunto de los otros que participan de la misma doctrina. ¡No!

Básicamente el medio es el medio social en que viven de manera que la relación de quien participa de la Doctrina con el medio es básicamente una relación con la gente que no está en la Doctrina.

A veces se equivoca mucha gente y cree que su medio es simplemente los que comparten su punto de vista. El medio no es el medio del grupo en que yo pueda estar.

El medio, es el medio social en que me toca vivir. Eso es sumamente importante. Los organismos vivos, en la medida en que se consolidan, tienden a actuar en su medio. No tienden simplemente los organismos vivos a actuar entre sí sino en el medio(…)

Pero, ¿qué es acción con el medio? Esto puede interpretarse de muy distintas maneras. Básicamente, si la doctrina es fuerte, sólida, y la organización es de tipo interna, básicamente la participación o la acción en el medio es entrar en el sistema, la entrada en el sistema.Si partimos del complejo de que el sistema es más fuerte que nosotros ideológicamente, se produce un cercamiento porque nos segregamos del sistema para que él no nos corrompa(…)

El sistema no puede corrompernos porque es más débil doctrinariamente que nosotros. De manera que la gente debe participar en los trabajos del sistema, debe participar de los estudios del sistema, debe participar de las amistades mecánicas del sistema.

Oh... ¡a ver! ¿Qué pierde alguno de nosotros por... bailar?, ¿o pierden algo? Examinen ustedes a ver si pierden algo con ese tipo de actividad mecánica. ¿Qué podría perder? ¿Qué se le cae? Por bailar no se pierde nada. Por trabajar en los aparatos del sistema no se pierde nada. Por estudiar en los organismos del sistema, no se pierde nada. Al revés, se gana. Porque se entra en el sistema y el sistema a la vez es influido por nosotros y no nosotros por él. De manera que con esto no hay ninguna dificultad y la cosa es bastante clara.

Participación, entonces, o relación con el medio, quiere decir acción adentro del medio. Y esto no quiere decir que los nuestros estén en actitud agitativa. ¡Ni mucho menos! Simplemente "se asimilan" al medio y van llevando por todos lados la Doctrina(…)

Pregunta: Ahora, estamos haciendo el mismo símil de lo biológico si tenemos un individuo que tiene una organización interna; y luego se mueve en su medio, hay internamente también ciertos elementos de apoyo que se toman que suelen confundirse y suelen magnificarse y atribuirles características que no tienen y para especificar un poco, sería el caso del fetiche. ¿Cómo encararías este problema?(…)

Normalmente se fetichiza cuando hay poco nivel. Y así, en la historia y en las organizaciones humanas vemos que la época del fetichismo es la época en donde arrancan las culturas y las civilizaciones. O bien, la época del fetichismo también es la última época de cada civilización, cuando ésta decae. Entonces empiezan a surgir todos estos instrumentos mágicos, y esta fetichización que se hace de determinadas personas.

Toda idea de jefe, toda idea vertical lleva a la fetichización. La gente pierde iniciativa, no crea, no genera, no reproduce. Por eso es que desde el punto de vista de la Doctrina, y para nosotros, no son buenos los jefes, no son buenos los fetiches. Es importante que se cualifique todo. ¿Y cómo hacemos entonces para que los de mayor cualidad hagan participar a los de menor cualidad? Lo hacemos mezclando.

Observen ustedes los jefes qué cuidadosos son. En todas las estructuras qué cuidadosos son de rodearse de un halo misterioso. Los jefes no se tiran en el pasto a hablar con la gente que trabaja con ellos. No se sientan en un cafecito a hablar amablemente ¿eh? Los jefes aparecen como personalidades lejanas, nimbadas de un misterio especial. No sé si me comprenden. Lo que se necesita es mezcla, es la eliminación de todo lo que sea estamento(…)

Alguien que tiene más nivel, de ningún modo pierde su nivel al cualificar y al mezclarse, al contrario, hace que los demás suban a su nivel. Y así en ese sistema giratorio de continuas subidas y bajadas, así se va cualificando el todo de un modo muy general.

No se trata de personas. Se trata de procesos.(…)

Pregunta: En las relaciones pareciera que existen formas peculiares que tienen que ver con la idiosincrasia local. ¿Te parece que es importante ir respetando esas formas?

Cada lugar, así como cada individuo, tiene sus peculiaridades y cada lugar y cada individuo debe tener capacidad como para generar las formas que corresponden a su medio. Eso es muy cierto. Pero cada individuo aislado genera formas que corresponden a su medio y además se asfixia.

De tal manera que cada individuo y cada área que generan formas adecuadas a su medio, deben además multicontactarse. Entonces se produce vasocomunicancia, entonces se regula automáticamente todo el proceso estructural aunque las áreas sean diversísimas; los caracteres y las lenguas sean distintos. De todos modos se produce un continuo trasvasamiento.

Si el sistema quisiera bloquearnos, lógicamente, cortaría las comunicaciones. Se preocuparía por el abastecimiento primero, y luego por las comunicaciones. Pues muy bien, nosotros rompemos el cerco del abastecimiento introduciéndonos en el sistema, y rompemos el cerco de las comunicaciones estableciendo sistemas de multicontacto.

De manera que no hay un jefe que recibe la información y luego la distribuye ¡no, no! Todo el mundo recibe información y todo el mundo la redistribuye. Se podrá decir, “pero eso provoca un aumento de ruido”. En efecto, provoca un aumento de ruido, (risas). Pero para nosotros es muy interesante ese ruido, porque además de provocarlo en nosotros, lo provoca en el sistema, de manera que si yo recibo multitud de información y yo retransmito información, la recibo y la retransmito con ruido, pero... como no estamos en estática sino en proceso, a diferencia de los circuitos cibernéticos que son máquinas muertas que reciben información con ruido y se atascan en los resultados, los seres vivos reciben información con ruido e internamente la procesan y la filtran. Esa es la gran diferencia entre los mecanismos y los seres vivos.(…)

Así es que no hay que tener sobre estas cosas ideas represivas, ideas policíacas, en el sentido de que a "tal" hay que acallarlo porque mete ruido, o que sólo algunos contactan y otros no. De ninguna manera, cuanto más contacto mejor. Y quien hace ruido, pues si es progresivo el ruido... ¡Interesante!, los mejores elementos van a ingresar al proceso. Los peores elementos cristalizan, se detienen, se desplazan y mueren.(…)

Pero nunca organismos específicos que filtran información para que la gente no se desoriente. ¿Qué problema hay con que nuestra gente se desoriente? ¡Que se desoriente! Así genera también. Si este no es un problema de gallina y pollito, de andar cuidando a los niños para que no se equivoquen. ¡Si los niños tienen que generar, tienen que crear!, y los estamentos impiden la generación, impiden la creación.

Eso es muy claro, pero no es un problema de personas, no es un problema de personalidad, que "tal" tiene la culpa o "tal" no se que cosa... es una cuestión de proceso y de esclarecimiento. Y esto que estamos haciendo ahora, ¿qué es? Es esclarecimiento... Y es nivelación con el proceso general. ¿O no les parece a ustedes?

Pregunta: Eso de las idiosincrasias, así, en un plano mayor, se parece bastante a lo de los problemas personales, dadas las características de los individuos, ¿cómo se podría enfocar el asunto de los problemas personales? (…)

Muy bien, tenemos problemas personales, ¿y con eso qué? Si no es lo importante. A ver si me explico.

De manera que si una persona tiene problemas personales, no veo por qué haya que andar haciéndole notar esos problemas personales, o andar "persiguiéndola" para que mejore esos problemas personales. ¡No! Ese es un parche, es un remiendo, es tomar el rábano por las hojas. Si acá no se trata de observar qué problemas personales tiene cada individuo. Acá se trata de que cada individuo tenga un ámbito y tenga herramientas adecuadas para poder trabajar y él mejorar sus problemas personales.

Pero nosotros no somos supervisadores de nadie, inquisidores de nadie, que nos andemos preocupando por lo que el sujeto hace o deja de hacer. Nosotros damos herramientas, instrumentos de capacitación para que la gente mejore internamente. De manera que los problemas personales también ellos, aunque existan, si la cualificación es mayor, estos problemas, aunque existan, no vienen a cuentas, no se notan desaparecen, mueren para el conjunto, aunque el sujeto pueda seguir considerándolos individualmente.

De manera que no se trata tampoco ni siquiera de luchar contra los problemas personales, los problemas personales desaparecen cuando la gente participa, cuando la gente tiene en qué trabajar, cuando la gente entiende el sistema, cuando la gente se cualifica. Los problemas personales aumentan cuando existe cerco.(…)

Nadie tiene la culpa!, ¡si es un problema de ámbito! es un problema de estrechamiento. En el estrechamiento y en la falta de actividad, y en la falta de abastecimiento, y en la falta de comunicaciones, en ese tipo de situaciones surgen los problemas personales. ¿Y quién tiene la culpa? ¡Nadie tiene la culpa! Por supuesto, que saldría Juan diciendo: “¡no me gusta cómo me miras!”, y Pedro le respondería: “¡y la forma que llevas tus pantalones...!” Y al poco tiempo tenemos una guerra interna. ¿No es cierto? Pero, ¿de quién es la culpa? No es de Juan ni de Pedro, ellos son factores catalizadores, factores de momento, reemplazables. Pueden ellos o pueden ser otros. El problema es estructural y también es un problema de proceso, de momento de proceso. Esto es muy claro, creo yo.(…)

Las cosas deben trabajar en conjunto y al mismo tiempo. ¿Y cómo es que trabajan en conjunto y al mismo tiempo, si son distintas las nacionalidades, distintas las peculiaridades? Trabajan en conjunto y al mismo tiempo merced a la multiconexión.

Entonces los procesos se nivelan solos y en cada lugar del mundo, la gente que trabaja con la Doctrina debe crear funciones adecuadas a ese punto, a ese lugar del mundo. Y la gente que está en otro lugar del mundo no tiene por que desorientarse porque son las mejores funciones que se crean en ese lugar para esa circunstancia. Pero de todos modos, la línea general y el proceso general deben marchar al mismo ritmo. Eso se logra sólo por el sistema de multicontacto.

Me doy cuenta también hablando de cualificación, de los problemas que surgen para cualificar grandes masas humanas. Materialmente es bastante difícil llevar el mismo nivel de cualificación. Pero una cosa es cualificar a unos pocos para que estos pocos luego instruyan en una línea vertical o en una línea descendente y otra cosa es cualificar a unos pocos, a los más acelerados para que se mezclen con el resto y acelerar el conjunto.

El primer caso lleva a estamentos y a círculos cerrados, el otro caso lleva a la difusión interna y al aumento del nivel cualitativo general.(…)

Pregunta: Quizás sería interesante ver cómo las acciones aunque parezcan individuales, corresponden a una acción de conjunto, los individuos son digamos, como las células de un organismo mayor

Respuesta: Las acciones que se consideran individuales pero que están multicontactadas con las acciones de otros individuos, aunque en cada caso procedan de distinto modo, por estar multicontactadas, proceden en el mismo momento de proceso que es lo que habría que entender.

De manera que distinto es un país a otro, distinto un individuo a otro. Todos hacen cosas distintas. ¿No es cierto? Pero todos ellos tienen un mismo centro de gravedad esencial que es la Doctrina, y en segundo término todos ellos están multicontactados de tal modo que necesariamente marchan en el mismo proceso. Si se cortara el sistema de multicontacto en algún punto, ese organismo moriría porque iría fuera de proceso. Pero si está multicontactado, si tiene por centro de gravedad a la misma Doctrina, entonces a mayor variedad, mayor riqueza y eso es lo que se busca, la mayor riqueza, la mayor capacidad creativa, la mayor generación de funciones. Eso es lo interesante. De manera que no habría ningún problema con que se generen formas totalmente distintas en distintos individuos y a mucha distancia. Lo que importa es que exista la misma base esencial de tipo doctrinaria, y exista esa vasocomunicancia que permite que todos procesen al mismo tiempo. (…)

Los veo como preocupados, en el sentido de que... como que pensaran que en ocasiones hacen las cosas bien o las hacen mal. Ese tipo de problemas de conciencia, a esta altura, me parece que no deberían existir, uno hace las cosas como puede, creyendo que las hace del mejor modo. Además, creo yo, todos somos gente excelente, (risas). De dónde sale ese complejo de que uno es de lo último, uno termina creyéndose cosas, ¿no es cierto? Por ahí se equivoca, por ahí lo hace bien. Bueno pero no es tan así, ese no es el problema, el asunto es clarificarse, cualificar. ¿Hum? Clarificarse y cualificar. Y dele con eso Y las cosas van mejorando siempre. Siempre son para mejor.Cualquier tiempo futuro es mejor, (risas). ¿Se fijan ustedes?

De manera que esas preocupaciones por los errores y demás... es muy bueno que la gente cometa errores. Ganamos Si la gente no comete errores porque no hace cosas, ¡vaya, eso no tiene ninguna gracia! Es interesante que la gente cometa errores. Y así aprende.*


*Extracto

El Día del León Alado

Es un conjunto de cuentos y relatos del género fantástico que en lugar de retenernos en los mundos del ensueño, sutilmente nos remite a las cosas importantes de la vida.

El sentido de la vida (Silo)


Agradezco la oportunidad que me dan de discutir con ustedes algunos puntos de vista referentes a aspectos relevantes de nuestra concepción sobre la vida humana. Digo discutir porque esto no va a ser una disertación, sino que va a ser un intercambio.

Un primer punto de vista a considerar es aquel al que apunta todo nuestro planteamiento. ¿Es que nuestro objeto de estudio es el mismo objeto que estudian las ciencias? Si se tratara del mismo, las ciencias precisamente tendrían la última palabra.

Nuestro interés está puesto en la existencia humana, pero no en la existencia humana como hecho biológico o social (ya que con respecto a ese punto hay ciencias que le dedican su esfuerzo), sino a la existencia humana como registro cotidiano, como registro diario personal. Porque, aunque alguien se pregunte por el fenómeno social e histórico que es constitutivo del ser humano, ese alguien hará tal pregunta desde su vida cotidiana; lo hará desde su situación; lo hará impulsado por sus deseos, sus angustias, sus necesidades, sus amores, sus odios; lo hará impulsado por sus frustraciones, sus éxitos; lo hará desde algo anterior a la estadística y a la teorización; lo hará desde la vida misma.

Y, ¿qué es lo común y, al mismo tiempo, lo particular en toda existencia humana? La búsqueda de la felicidad y la superación del dolor y el sufrimiento es lo común y lo particular de toda existencia humana. Es la verdad registrable para todos y cada uno de los seres humanos.

Ahora bien, ¿cuál es esa felicidad a la que aspira el ser humano? Ella es lo que el ser humano cree. Esta afirmación, un tanto sorprendente, se basa en el hecho de que las personas se orientan hacia imágenes o ideales felicitarios diferentes. Es más, el ideal de felicidad cambia con la situación histórica, social y personal. De ello concluiremos que el ser humano busca lo que cree que lo hará feliz, y de acuerdo con ello lo que cree que lo alejará del sufrimiento y el dolor.

Dada la aspiración de felicidad, aparecerán las resistencias del dolor y el sufrimiento. ¿Cómo podrán vencerse estas resistencias? Antes debemos preguntarnos por la naturaleza de las mismas.

El dolor para nosotros es un hecho físico. Todos tenemos experiencias del mismo. Es un hecho sensorial, corporal. El hambre, las inclemencias naturales, la enfermedad, la vejez, producen dolor. Y ése es el punto en que nosotros diferenciamos de fenómenos que nada tienen que ver con lo sensorial. Únicamente el avance de la sociedad y la ciencia es el que hace retroceder el dolor. Y ése es el campo específico en el que pueden desarrollar sus mejores esfuerzos los reformadores sociales, los científicos y por sobre todo los mismos pueblos generadores del progreso del que se nutren tales reformadores y tales científicos.

El sufrimiento, en cambio, es de naturaleza mental. No es un hecho sensorial del mismo tipo del dolor. La frustración, el resentimiento, son estados de los que también tenemos experiencia, y que no podemos localizar en un órgano específico, o en un conjunto de ellos. ¿Es que aun siendo de naturaleza diferente actúan entre sí el dolor y el sufrimiento? Por cierto que el dolor motiva también al sufrimiento. En tal sentido, el avance social y el avance de la ciencia hacen retroceder un aspecto del sufrimiento. Pero específicamente, ¿dónde hallaremos la solución para hacer retroceder el sufrimiento? Esto lo hallaremos en el sentido de la vida, y no hay reforma ni avance científico que aleje el sufrimiento que da la frustración, el resentimiento, el temor a la muerte, y el temor en general.

El sentido de la vida es una dirección a futuro que da coherencia a la vida, que permite encuadre a sus actividades y que la justifica plenamente. A la luz del sentido aún el dolor en su componente mental y el sufrimiento en general, retroceden y se empequeñecen interpretados como experiencias superables.

Entonces, ¿cuáles son las fuentes del sufrimiento humano?. Son las que producen contradicción. Se sufre por vivir situaciones contradictorias, pero también se sufre por recordar situaciones contradictorias y por imaginar situaciones contradictorias.

Estas fuentes de sufrimiento han sido llamadas las tres vías del sufrimiento, y ellas pueden modificarse de acuerdo con el estado en que se encuentre el ser humano respecto del sentido de la vida. Tendremos que examinar brevemente estas tres vías para luego hablar del significado y la importancia del sentido de la vida.

(Pregunta poco audible en la grabación)
Es claro que las agrupaciones humanas, por ejemplo, son estudiadas por la sociología. Así como las ciencias pueden estudiar los astros o los microorganismos. También la biología y la anatomía, la fisiología, estudian al cuerpo humano desde diferentes puntos de vista. La Psicología estudia el comportamiento psíquico. Todos estos que estudian (los estudiosos y los científicos), no estudian su propia existencia. No hay una ciencia que estudie la propia existencia. La ciencia nada dice acerca de la situación que le acontece a una persona cuando llega a su casa y allí recibe un portazo, un mal trato, o una caricia.

Nosotros nos interesamos, justamente, por la situación de la existencia humana, y por ello no es competencia nuestra las discusiones que pueda tener la ciencia. Y también observamos que la ciencia tiene serias falencias, serias dificultades para definir lo que pasa en la existencia. Qué sucede en la existencia humana; cuál es la naturaleza de la vida humana con respecto al sentido; cuál es la naturaleza del sufrimiento y del dolor; cuál es la naturaleza de la felicidad; cuál es la naturaleza de la búsqueda de la felicidad. Estos son objetos de nuestro estudio, de nuestro interés. Desde ese punto de vista podría decirse que nosotros tenemos una posición frente a la existencia, una posición frente a la vida, y no una ciencia referida a estas cosas.

(Pregunta poco audible en la grabación)
Es claro que nosotros hemos puesto énfasis en esto que la gente busca, aquello que cree que es la felicidad. El punto está en que se cree una cosa y mañana se cree otra. Si examinamos en nosotros mismos lo que creíamos que era la felicidad a los doce años y en el día de hoy, veremos el cambio de perspectiva; así mismo si consultamos a diez personas, seguiremos viendo esa diversidad de puntos de vista. En la edad media se tenía una idea general de la felicidad distinta a la época de la revolución industrial, y en general los pueblos y los individuos varían en su búsqueda de la felicidad. No está para nada clara la felicidad en cuanto objeto. Parece que no existiera tal objeto. Es más bien un estado de ánimo el que se busca y no un objeto tangible.

A veces a esto se lo confunde en una determinada forma de propaganda que presenta un jabón como la felicidad misma. Desde luego, pero todos comprendemos que, en realidad, se está tratando de describir un estado, el estado de felicidad, pero no tanto el objeto porque que nosotros sepamos, no existe tal objeto. Por consiguiente, no está claro qué cosa sea el estado de felicidad. Nunca se lo ha definido convenientemente. Es una suerte de escamoteo que se ha hecho y para la gente no ha quedado nada claro. Bien, así es que seguiremos avanzando a menos que haya alguna otra pregunta...

(Pregunta poco audible en la grabación)
Esta última pregunta es con respecto al progreso del dolor y el sufrimiento. ¿Cómo es que el dolor va superándose con el avance de la sociedad y la ciencia y el sufrimiento no se supera paralelamente?

Hay alguna gente que sostiene que el ser humano no ha avanzado para nada. Es obvio que el ser humano ha avanzado en su conquista científica, en su conquista de la naturaleza, en su desarrollo. Está bien, hay desarrollos de las civilizaciones que son desparejos, de acuerdo, hay problemas de todo tipo, pero el ser humano y su civilización han avanzado. Eso es evidente. Recuerden ustedes otras épocas donde una bacteria hacía estragos, y hoy una droga suministrada a tiempo soluciona el problema rápidamente. Media Europa sucumbió en un momento por una peste de cólera. Eso ha sido superado. Viejas y nuevas enfermedades son combatidas y seguramente serán derrotadas. Las cosas han cambiado y han cambiado mucho. Pero es claro que en materia de sufrimiento una persona de hace cinco mil años y una persona actual, registran y sufren las mismas decepciones, registran y sufren temores, registran y sufren resentimientos. Lo registran y lo sufren como si para ellos no hubiera existido historia, como si en ese campo cada ser humano fuera el primer ser humano. El dolor va retrocediendo con aquellos avances, pero el sufrimiento no se ha modificado en el ser humano, no se han tenido adecuadas respuestas con respecto a esto. Y en ese sentido hay una cosa despareja. Pero, ¿cómo podríamos decir que el ser humano no ha avanzado? Tal vez porque haya avanzado lo suficiente hoy se esté haciendo este tipo de preguntas y también por eso se esté tratando de dar respuesta a esos interrogantes que probablemente en otra época no hubiera sido necesario hacer. Las tres vías del sufrimiento no son sino tres vías necesarias para la existencia humana, pero que han sido distorsionadas en su normal funcionamiento. Trataré de explicarme.

Tanto la sensación de lo que ahora vivo y percibo, como la memoria de lo que he vivido y la imaginación de lo que podría vivir, son vías necesarias a la existencia humana. Cercenemos algunas de estas funciones y la existencia se desarticulará. Acabemos con la memoria y perderemos hasta el mismo manejo de nuestro cuerpo. Eliminemos la sensación y perderemos la regulación del mismo. Detengamos la imaginación y no podremos orientarnos en ninguna dirección. Estas tres vías que son necesarias a la vida, pueden ser distorsionadas en su funcionamiento convirtiéndose en enemigas de la vida, en portadoras de sufrimiento. Así, sufrimos cotidianamente por lo que percibimos, por lo que recordamos y por lo que imaginamos.

Hemos dicho en otras oportunidades que se sufre por vivir en una situación contradictoria tal como la de querer hacer cosas que se oponen entre sí. También sufrimos por temor a no lograr lo que deseamos a futuro, o por temor a perder lo que tenemos. Y, desde luego, sufrimos por lo que hemos perdido, por lo que no hemos logrado, por aquello que ya sufrimos antes, por aquella humillación, aquel castigo, aquel dolor físico que quedó en el pasado, por aquella traición, por aquella injusticia, por aquella vergüenza. Y esos fantasmas que llegan del pasado son vividos por nosotros como si fueran hechos presentes. Ellos, que son las fuentes del rencor, del resentimiento y la frustración, condicionan nuestro futuro y hacen perder la fe en nosotros mismos.

Discutamos el problema de las tres vías del sufrimiento.

Si las tres vías son las que posibilitan la vida, ¿cómo es que se han ido distorsionando? Si se supone que el hombre va buscando la felicidad, debiera ir adecuándose para ir manejando estas tres vías a su favor. Pero, ¿cómo es que de repente esas tres vías son precisamente sus principales enemigas? Parece ser que en el momento en que se amplió la conciencia del ser humano, cuando todavía no era un ser muy definido, parece ser que allí mismo, al ampliarse su imaginación, al ampliarse su memoria y su recuerdo histórico, al ampliarse su percepción del mundo en que vivía, en ese mismo momento, al ampliarse una función surgió la resistencia. Tal cual sucede en las funciones internas. Como cuando tratamos de movernos en una actividad nueva, encontramos resistencia. Del mismo modo que se encuentra resistencia en la naturaleza. En el mismo instante que llueve y cae el agua y va por los ríos y encuentra resistencia a su paso, en ese vencimiento de las resistencias llega finalmente a los mares.

El ser humano en su desarrollo, va encontrando resistencias. Y al encontrar resistencias se fortalece y al fortalecerse integra dificultades y al integrarlas las supera. Y entonces todo este sufrimiento que ha ido surgiendo en el ser humano en su desarrollo, ha sido también un fortalecimiento del ser humano por encima de ello. De modo que en etapas anteriores esto del sufrimiento ha de haber contribuido al desarrollo, en el sentido de crear condiciones justamente para superarlo.

Nosotros no aspiramos al sufrimiento. Nosotros aspiramos a reconciliarnos incluso con nuestra especie, que tanto ha sufrido, y gracias a la cual nosotros podemos hacer nuevos despliegues. No ha sido inútil el sufrimiento del hombre primitivo. No ha sido inútil el sufrimiento de generaciones y generaciones que han estado limitadas por esas condiciones. Nuestro agradecimiento es para aquellos que nos precedieron no obstante su sufrimiento, porque gracias a ellos podemos intentar nuevas liberaciones.

Éste es el punto acerca de cómo el sufrimiento no nació de súbito, sino con el desarrollo y la ampliación del hombre. Pero es claro que nosotros no aspiramos, como seres humanos, a seguir sufriendo, sino a avanzar sobre esas resistencias integrando un nuevo camino en este desarrollo.

Pero hemos dicho que hallaremos la solución al problema del sufrimiento en el sentido de la vida, y hemos definido a ese sentido como la dirección a futuro que da coherencia, que permite encuadrar actividades y que justifica plenamente a la existencia. Esta dirección a futuro es de máxima importancia por cuanto, según hemos examinado, si se corta esta vía de la imaginación, esta vía del proyecto, esta vía del futuro, la existencia humana pierde dirección y ello es fuente de inagotable sufrimiento.

Es claro para todos que la muerte aparece como el máximo sufrimiento del futuro. Es claro, en esa perspectiva, que la vida tiene carácter de cosa provisoria. Y es claro que, en ese contexto, toda construcción humana es una inútil construcción hacia la nada. Por ello, tal vez, el apartar la mirada del hecho de la muerte haya permitido cambiar la vida como si la muerte no existiera... Quien piensa que todo termina para sí con la muerte, podrá alentarse con la idea de que será recordado por sus espléndidas acciones, que no se olvidarán de él sus seres queridos o, tal vez, las generaciones venideras. Y, aunque esto fuera así, todos marcharían finalmente hacia una nada absurda que interrumpiría todo recuerdo. También podría pensarse que lo que uno hace en la vida no es sino responder a necesidades del mejor modo posible. Pues bien, ya se acabarán esas necesidades con la muerte y habrá perdido sentido toda lucha por salir del reino de la necesidad. Y se podrá decir que la vida personal carece de importancia en la vida humana, que por lo tanto la muerte personal no tiene significado. Si tal fuera el caso, tampoco tendría significado la vida ni las acciones personales. No se justificaría ninguna ley, ningún compromiso, y no habría, en esencia, mayores diferencias entre las acciones benéficas y las malvadas.

Nada tiene sentido si todo termina con la muerte. Y, si ése es el caso, el único recurso posible para transitar por la vida, es animarse con sentidos provisorios, con direcciones provisorias a las cuales aplicar nuestra energía y nuestra acción. Tal es lo que sucede habitualmente, pero para ello es necesario proceder negando la realidad de la muerte, es necesario hacer como si ella no existiera.

Si se pregunta a alguien qué sentido tiene para él la vida, probablemente responderá por su familia, o por él prójimo, o por una determinada causa que según él justifique la existencia. Y, esos sentidos provisorios, habrán de conferirle dirección para afrontar la existencia, pero a poco que surjan problemas con los seres queridos, a poco que se produzca una desilusión con la causa abrazada, a poco que algo cambie en el sentido elegido, el absurdo y la desorientación volverán por su presa.

Por último, sucede con los sentidos o las direcciones provisorias de vida que en el caso de alcanzarse ya pierden referencia y, por lo tanto, dejan de ser útiles para más adelante y, en el caso de no alcanzarse, dejan de ser útiles como referencia. Por cierto que luego del fracaso de un sentido provisorio siempre queda la alternativa de poner un nuevo sentido provisorio, tal vez en oposición al que fracasó. Así, de sentido en sentido se va borrando, a medida que pasan los años, todo rastro de coherencia y con ello aumenta la contradicción y, por tanto, el sufrimiento.

La vida no tiene sentido si todo termina con la muerte. Pero, ¿es cierto que todo termina con la muerte?. ¿Es cierto que no se puede lograr una dirección definitiva que no varíe con los accidentes de la vida?, ¿cómo se ubica el ser humano frente al problema de que todo termina con la muerte? Examinémoslo, pero luego de discutir lo dicho hasta aquí.

(Intervalo y discusión)

Así como destacamos tres vías del sufrimiento observamos también cinco estados con referencia al problema de la muerte y la trascendencia. En estos cinco estados se puede ubicar cualquier persona.

Hay un estado en que una persona tiene evidencia indudable dada por propia experiencia, no por educación o ambiente. Para ella es evidente que la vida es un tránsito y que la muerte es un escaso accidente.

Otros tienen la creencia de que el ser humano va a no sé que trascendencia, y esta creencia la tienen dada por educación, dada por ambiente, no por algo sentido, experimentado, no por algo evidente para ellos, sino por algo que les enseñaron y que ellos aceptan sin experiencia alguna.

Hay un tercer tipo de ubicación frente al sentido de la vida y es el de aquellas personas deseosas de tener una fe o tener una experiencia. Ustedes se deben haber encontrado con muchas personas que dicen: “Si yo pudiera creer en ciertas cosas, mi vida sería diferente”. Hay muchos ejemplos a mano. Gentes a las cuales les han sobrevenido muchos accidentes, muchas desgracias, y que se han sobrepuesto a esos accidentes, a esas desgracias, porque o tienen fe o tienen un registro de que todo esto, por transitorio o provisorio, no es el agotamiento mismo de la vida sino en todo caso una prueba, una resistencia que de algún modo hace crecer en el conocimiento. Incluso pueden haber encontrado gentes que acepten el sufrimiento como un recurso de aprendizaje. No es que busquen el sufrimiento (no como otros, que parece que tuvieran una especial afición por el sufrimiento). Estamos hablando de aquellos que simplemente, cuando se da tal cosa, sacan la mejor partida de ello. Gentes que no andan buscando el sufrimiento, todo lo contrario, sino que dada la situación lo asimilan y lo integran y lo superan.

Bien. Hay gentes, entonces, que se ubican en ese estado: no tienen fe, no tienen ninguna creencia, pero desearían tener algo que les diera aliento y le diera dirección a su vida. Sí, esas personas existen.

Hay también aquellos que sospechan intelectualmente la posibilidad de que exista un futuro tras la muerte, que exista una trascendencia. Simplemente lo consideran posible y no tienen ninguna experiencia de trascendencia ni tampoco tienen ningún tipo de fe, ni tampoco aspiran a tener experiencia ni a tener fe. Seguramente conocen a esas personas.

Y hay, por último, aquellos que niegan toda posibilidad de trascendencia. También ustedes reconocerán aquí personas, y probablemente entre ustedes haya muchos, que piensan así.

De manera que con diferentes variantes cada uno puede efectivamente ubicarse como aquellos que tienen evidencia y para ellos es indudable esto de la trascendencia, o bien como aquellos que tienen fe porque así la asimilaron cuando pequeños, o bien aquellos otros que quisieran tener una experiencia o una fe, o aquellos otros más que la consideran una posibilidad intelectual sin hacerse mayores problemas, y estos otros que la niegan.

Pero aquí no terminamos con el punto de ubicación frente al problema de la trascendencia. Hay, al parecer, diferentes profundidades en esto de ubicarse frente al problema de la trascendencia. Hay quienes incluso dicen que tienen una fe, lo afirman, pero esto que dicen no responde efectivamente a lo que experimentan. Nosotros no decimos que ellos mientan, decimos que esto lo dicen superficialmente. Dicen tener una fe, pero mañana pueden no tenerla.

Así es que observamos diferentes grados de profundidad en estas cinco posturas y, por lo tanto, en la movilidad o la firme convicción en cuanto a lo que se postula. Hemos conocido gentes que eran devotas, creyentes de una fe, y al morirse un familiar, al morirse un ser querido, desapareció toda la fe que decían tener y cayeron en el peor de los sin sentidos. Esa fe era una fe de superficie, una fe de mampostería, una fe periférica. En cambio, aquellos otros a los cuales sobrevinieron grandes catástrofes y afirmaron precisamente su fe, todo les resultó diferente.

Hemos conocido gentes que estaban convencidas de la inexistencia total de la trascendencia. Uno muere y desaparece. Por así decir, ellos tenían fe en que todo se acababa con la muerte. Es claro que en alguna ocasión, caminando cerca de un cementerio han apurado el paso y se han sentido inquietos... ¿cómo se compatibiliza todo esto con la convicción cierta de que todo termina con la muerte? De este modo, hay gentes que aun en la negación de la trascendencia están ubicadas en una situación muy superficial.

Así, pues, uno puede ubicarse en cualquiera de estos estados, pero también uno puede ubicarse en distintas profundidades. En ciertas épocas de nuestra vida hemos creído una cosa respecto de la trascendencia, y luego otra. Cambió, esto es móvil. Ésta no es una cosa estática. No solo en épocas distintas de nuestra vida sino en situaciones. Cambia nuestra situación y cambia nuestra creencia con respecto al problema de la trascendencia. Es más: cambia de un día a otro. A veces a la mañana estoy creyendo una cosa determinada, a la tarde ya no. Y esto que parece ser de suma importancia porque hace a la orientación de la vida humana, es algo demasiado variable. Y al fin nos provocará desconcierto en la vida cotidiana.

En esos cinco estados y grados se emplaza el ser humano, ¿pero cuál debería ser el correcto emplazamiento? ¿Es que existe acaso un correcto emplazamiento, o es que estamos simplemente describiendo problemas sin dar solución? ¿Es que podemos sugerir cuál es el mejor emplazamiento frente al problema?

Algunos dicen que la fe es algo que está o no está en las personas, que brota o que no brota. Pero observen ese estado de conciencia. Alguien puede no tener fe en absoluto, pero también puede desear, sin fe y sin experiencia, obtener eso. Puede inclusive comprender intelectualmente que tal cosa es interesante, que puede valer la pena orientarse en esa dirección. Pues bien, cuando eso comienza a suceder es porque algo ya se está manifestando en esa dirección.

Quienes logran esa fe o esa experiencia trascendente, aunque no puedan definirla en términos precisos como no se puede definir el amor, reconocerán la necesidad de orientar a otros hacia el sentido, pero jamás tratarán de imponer su paisaje a quienes no lo reconozcan.

Y así, coherentemente con lo enunciado, declaro ante ustedes mi fe y mi certeza de experiencia respecto a que la muerte no detiene el futuro, que la muerte, por lo contrario, modifica el estado provisorio de nuestra existencia para lanzarla hacia la trascendencia inmortal. Y no impongo mi certeza ni mi fe, y convivo con aquellos que se encuentran en estados diferentes respecto del sentido, pero me obligo a brindar solidariamente el mensaje que reconozco hace feliz y libre al ser humano. Por ningún motivo eludo mi responsabilidad de expresar mis verdades aunque éstas fueran discutibles por quienes experimentan la provisoriedad de la vida y el absurdo de la muerte.

Por otra parte, jamás pregunto a otros por sus particulares creencias y, en todo caso, aunque defino con claridad mi posición respecto a este punto, proclamo para todo ser humano la libertad de creer o no creer en Dios y la libertad de creer o no creer en la inmortalidad.

Entre miles y miles de mujeres y hombres que codo a codo, solidariamente, trabajan con nosotros, se suman ateos y creyentes, gentes con dudas y con certezas y a nadie se pregunta por su fe y todo se da como orientación para que decidan por sí mismos la vía que mejor aclare el sentido de sus vidas.

No es valiente dejar de proclamar las propias certezas, pero es indigno de la verdadera solidaridad tratar de imponerlas.



MÉXICO D.F., 10 DE OCTUBRE DE 1980
INTERCAMBIO CON UN GRUPO DE ESTUDIOS

IV. MITOS HEBREOS



El árbol de la Ciencia y el árbol de la Vida
 “...Y Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal... Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comieres, ciertamente morirás”.(1)
Y así, Adán y Eva vivían en Edén, aquel lugar del que salía un río que regaba el huerto. Esa corriente se dividía en cuatro brazos. El nombre de uno, el que rodeaba la tierra de Havila donde hay oro, era Pisón. El del segundo, que rodeaba la tierra de Cus, era Gihón. El del tercero, escondido y sombrío, que iba al oriente de Asiria, era Hydekel y el cuarto de buenas y rumorosas palabras, era el Éufrates. Mas el Edén era completo en plantas y animales, por ello nuestros padres fueron allí los nombradores de todos los seres vivientes. ¿Cómo nombrar al Árbol de la Vida y al de la Ciencia del Bien y del Mal sin saber de ellos, sin acercarse a ellos? Por esto, sin tener ciencia desearon tenerla y no supieron cómo. Así, turbada Eva por la pregunta se durmió una noche y durmiendo soñó y soñando vio el árbol de la ciencia que resplandecía en la oscuridad. De este modo, Eva se acercó al árbol y, de pronto, se presentó ante ella una inquietante figura alada. Su porte era hermoso, pero en la oscuridad no alcanzaba a distinguir su rostro que, tal vez, era el de Adán. De sus cabellos húmedos de rocío se exhalaba una fragancia que exaltaba al amor. Y Eva quería ver. La figura, mientras señalaba al árbol dijo: “¡Oh hermosa planta de abundante fruto! ¿No hay quien se digne aliviarte de tu peso y gustar de tu dulzura? ¿Tan despreciada es la ciencia? ¿Será acaso la envidia o alguna injusta reserva lo que prohibe tocarte? Prohíbalo quien quiera, nadie me privará por más tiempo de los bienes que ofreces; si no, ¿por qué estás aquí?”. Así dijo, y no se detuvo más; sino que con mano temeraria arrancó el fruto y lo gustó. Un horror glacial paralizó a Eva en su sueño, al ver la audacia de la figura alada, pero de inmediato ésta exclamó: “¡Oh fruto divino, dulce por ti sólo y mucho más dulce cogido de esta suerte estando prohibido, al parecer, como reservado únicamente para los dioses y siendo, sin embargo, capaz de convertir en dioses a los hombres! ¿Y por qué no han de serlo? El bien aumenta cuanto más se comunica y su autor, lejos de perder en ello, adquirirá más alabanzas. Acércate dichosa criatura, bella y angelical Eva; ¡participa de este fruto conmigo!”(2) Eva despertó sobresaltada y comunicó el sueño a su compañero. Adán, entonces, se preguntó: “¿No habla Dios por los sueños? Si en el día prohibe y en la noche invita, ¿a qué incitación habré de responder ya que no tengo ciencia suficiente? Hemos de adquirir esa ciencia para enderezar nuestros destinos ya que Jehová Dios nos creó pero no dijo cómo habríamos de hacernos a nosotros mismos”. Entonces, comunicó a Eva su plan para apoderarse de la fruta, para correr con ella llegando luego hasta el árbol de la vida a fin de quedar inmunes del veneno de la ciencia. Luego, esperaron que Jehová Dios se paseara por el huerto, al aire del día y en su ausencia fueron hacia el árbol. Entonces, al ver una serpiente que entre las ramas se desplazaba por los frutos, pensaron que su veneno era recogido de ese alimento. Por eso dudaron y al dudar pasó el tiempo y Jehová Dios emprendió su regreso. Entonces, creyeron oír que la serpiente susurraba: “No moriréis, sino que sabe Dios que el día que comáis esos frutos serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios conociendo el bien y el mal”.(3) No mentía la serpiente, pero quería evitar que comieran del otro árbol, del árbol de la vida.(4) Siendo ya muy tarde, Adán y Eva gustaron del fruto y sua ojos se abrieron, mas cuando quisieron llegar al árbol de la inmortalidad Jehová Dios les cerró el paso impidiendo que completaran su propósito.
 “Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre. Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de la que fue tomado. Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía por todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida”.(5)
Eva y Adán se alejaron del Edén y siempre estuvo su mirada puesta en dirección al Paraíso del que sólo el resplandor nocturno y el humo de la espada de fuego denunciaban su rastro. Y ya no volvieron, ya no pudieron volver, pero comenzaron a ofrecer a Jehová Dios sacrificios de fuego y humo que creyeron le agradaba. Y muchos pueblos, con el tiempo, pensaron que los dioses gustan de los altos montes y de los volcanes porque éstos son el puente entre la tierra y los cielos. Así, cuando llegó el momento, Jehová Dios entregó desde el fuego, desde el monte, la Ley que los hombres buscaban para enderezar su Destino.(6)
Abraham y la obediencia
Muchas generaciones pasaron desde los primeros padres hasta el Diluvio. Después de éste, cuando Jehová tendió en el cielo el arco iris para sellar su pacto con los hombres, siguió reproduciéndose toda simiente. Y así, en Ur de Caldea, Taré tomó a su hijo Abram y a Sarai su nuera y los llevó a las tierras de Canaán. Luego, Abram y Sarai fueron a Egipto. Tiempo después regresaron hacia Hebrón. El ganado y los bienes de Abram habían crecido pero su corazón fue tomado por la tristeza porque a su edad no había logrado descendencia.
Abram era ya viejo cuando hizo concebir a su servidora Agar. Pero Agar y Sarai se enemistaron. Por ello Agar salió al desierto y llevó con ella su aflicción. Entonces, un ángel se presentó y le dijo: “Has concebido y al dar a luz llamarás a tu hijo Ismael porque Jehová ha oído tus ruegos. Ismael, por tanto, querrá decir ‘Dios oye’ y su descendencia será numerosa y los pueblos de él habitarán los desiertos no adorando a Dios por lo que el ojo ve, sino por lo que escucha el oído. Así, rogarán a Dios y Dios los oirá”. Mucho después Sarai concibió siendo anciana, pero sus descendientes y los de Agar mantuvieron la disputa que comenzó entre sus madres aunque Abram fue padre de todos y a todos quiso como a hijos suyos.
En su momento, Dios dijo: “En adelante no te llamarás Abram sino Abraham, porque serás padre de una multitud y Sarai será nombrada como Sara, como princesa de naciones. En cuanto al hijo tuyo y de Sara, lo llamarás Isaac”.
 “Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abrahám, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: Toma ahora a tu hijo Isaac a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo. Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos. Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros. Y tomó Abraham la leña del holocausto, y la puso sobre Isaac su hijo, y él tomó en su mano el fuego y el cuchillo; y fueron ambos juntos. Entonces habló Isaac a Abraham su padre y dijo: Padre mío. Y él respondió: Heme aquí, mi hijo. Y él dijo: He aquí el fuego y la leña; ¿mas dónde está el cordero para el holocausto? Y respondió Abraham: Dios se proveerá de cordero para el holocausto, hijo mío. E iban juntos. Y cuando llegaron al lugar que Dios le había dicho, edificó allí Abraham un altar, y compuso la leña, y ató a Isaac su hijo, y lo puso en el altar sobre la leña. Y extendió Abraham su mano y tomó el cuchillo para degollar a su hijo. Entonces el ángel de Jehová le dio voces desde el cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: no extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; porque yo conozco que temes a Dios, por cuanto no me rehusaste a tu hijo... Entonces, alzó Abraham sus ojos y miró, y he aquí a sus espaldas un carnero trabado en un zarzal por sus cuernos; y fue Abraham y tomó el carnero, y lo ofreció en holocausto en lugar de su hijo. Y llamó Abraham el nombre de aquel lugar, Jehová proveerá”.(7)
Tal vez hasta su muerte, quedó presente en el corazón de Abraham la angustia de la terrible prueba. Y así se dijo una y otra vez: “Jehová repudia el sacrificio humano y más aún del propio hijo. Si ordena el holocausto no debo acatarlo porque sería desobedecer su prohibición. Pero rechazar lo que él manda, es pecar contra él. ¿Debo obedecer algo que mi dios repudia? Sí, si él lo exige. Pero mi torpe razón atormentada lucha, además, con el corazón de un pobre anciano que ama aquel imposible que Jehová le dio tardíamente. ¿No es esta prueba la devolución de la risa que contuve cuando me fue anunciado que nacería mi hijo?(8) ¿No es la risa que ocultó Sara cuando escuchó tal vaticinio?(9) Por algo, Jehová indicó el nombre de ‘Isaac’ que significa ‘risa’. Yo y mi mujer éramos ya viejos cuando se nos dijo que tendríamos este hijo y no pudimos creer que tal cosa fuera posible. ¿Es que Jehová juega con sus criaturas como un niño con arena? ¿O es que conociendo su enojo y su castigo descuidamos que también nos prueba y nos enseña con la burla divina?”(10)
El hombre que luchó contra un dios.(11)
 “ Y se levantó aquella noche y tomó sus dos mujeres, y sus dos siervas, y sus once hijos, y pasó el vado de Jacob. Los tomó, pues, e hizo pasar el arroyo a ellos y a todo lo que tenía. Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba. Y cuando el varón vio que no podía con él, tocó en el sitio del encaje de su muslo, y se descoyuntó el muslo de Jacob mientras con él luchaba. Y dijo: Déjame porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel,(12) porque has luchado con Dios y con los hombres y has vencido. Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y el varón respondió: ¿Por qué me preguntas por mi nombre? Y lo bendijo allí. Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel,(13) porque dijo: Vi a Dios cara a cara y fue librada mi alma. Y cuando había pasado Peniel, le salió el sol, y cojeaba de su cadera.(14) Por esto no comen los hijos de Israel, hasta hoy día, del tendón que se contrajo, el cual está en el encaje del muslo, porque tocó a Jacob este sitio de su muslo en el tendón que se contrajo”.(15)
Moisés y la Ley divina.(16)
Ocurrió que desde mucho tiempo atrás, los hijos de Israel aposentados en Egipto fueron creciendo en número y poder. Y apoyaron con júbilo los cambios que introdujo un sabio faraón que quiso la igualdad para todos los pueblos. Y el buen rey murió en medio de una agitación grande que habían desatado sus enemigos. Y los israelitas pasaron de una pacífica existencia a ser perseguidos y humillados. Cuando decidieron abandonar esas tierras, el nuevo faraón lo impidió. También en esos años sombríos, numerosos egipcios partidarios del rey justo fueron asesinados. Otros terminaron en las cárceles y en las canteras, condenados a dejar allí sus vidas. Y sucedió que entre estos últimos se encontraba un joven que cuando niño fue rescatado de las aguas del Nilo por las mujeres del buen faraón. Educado en la corte, aprendió la lengua de Israel aunque siempre la habló con dificultad. Moisés, el “rescatado de las aguas” huyó de las canteras y fue a refugiarse a los campos, a la casa de un sacerdote de Madián. Y he aquí que el sacerdote era de los perseguidos, y partidario del rey justo. Por esto acogió a Moisés cuando se refugió en él y cuando contó su historia del rescate de las aguas que tanto se asemejaba a las leyendas de Osiris y de Sargón (éste salvado en Babilonia según referían los venidos con Abraham desde Ur de Caldea). He aquí que Moisés tomó por esposa a la hija del sacerdote. Y, un día, apacentando las ovejas de su suegro se llegó hasta Horeb, monte de Dios.
 “ Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios en medio de la zarza y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios. Dijo luego Jehová: Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he oído su clamor a causa de sus exactores; pues he conocido sus angustias, y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y ancha, a tierra que fluye leche y miel... Dijo Moisés a Dios: He aquí que llego yo a los hijos de Israel, y les digo: El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros. Si ellos me preguntaren: ¿Cuál es su nombre?, ¿qué les responderé? Y respondió Dios a Moisés: yo soy el que soy. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: yo soy me envía a vosotros. Además dijo Dios a Moisés: Así dirás a los hijos de Israel: Jehová el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Éste es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos”.(17)
Así que Moisés regresaba para Egipto le salió al encuentro Aarón de la tribu sacerdotal de Leví y que había tenido sueños en los que Moisés recibía el mandato divino. Entonces, Aarón ayudó a Moisés a usar de la palabra entre los israelitas y, llegando hasta el faraón lo conminó diciendo: “Deja que mi pueblo salga del Egipto”. Pero como Faraón era remiso, Aarón que era sacerdote, hizo con su vara grandes prodigios a los ojos de todos. Mas llamó Faraón a sus sabios y sacerdotes que también mostraron su poder, y Faraón endureció su corazón. Entonces, Jehová por medio de Moisés y Aarón convirtió el agua del río en rojo sangre y los peces murieron y también las ranas salieron de allí invadiendo todo, pero Faraón no hizo caso de esas señales. Por esto, plagas de piojos y moscas, plaga en el ganado y plaga de úlceras, plaga de granizo y de langostas se abatieron sobre hombres y bestias. Mas Faraón no quiso liberar a los hijos de Israel, diciendo que el torrente del río que se había desbordado arrastrando limo rojo del alto Nilo, provocaba periódicamente esos desastres. Pero una gran oscuridad bajó y se mantuvo por tres días. Y los sabios del Faraón también explicaron cómo las nubes de agua que subían del río desbordado, oscurecían el cielo... Entonces Jehová mandó a Moisés para que advirtiera a Faraón sobre la muerte de los primogénitos de los egipcios si no dejaba en libertad al pueblo de Israel. Y Faraón no escuchó y los hijos de los egipcios fueron muertos esa noche por el ángel del Señor. Y a partir de allí ese mes fue el primero de los meses del año, porque la señal de la sangre del cordero pascual con que los israelitas señalaron sus puertas, los protegió del ángel de la muerte. Y Faraón permitió entonces la salida del pueblo de Israel y de todos los egipcios perseguidos. “Partieron los hijos de Israel de Ramesés a Sucot, como seiscientos mil hombres de a pie, sin contar los niños. También subió con ellos gran multitud de toda clase de gentes”.(18)
El pueblo cruzó en seco por el Mar Rojo, porque a derecha e izquierda estaban contenidas las aguas, en esa zona que había mandado canalizar Amenofis IV. Pero he aquí que Faraón despachó a sus soldados para destruir a los que huían y, entonces, se derrumbaron los pesados carros y el ejército cayó. Y por sobre ellos vino a dar el agua matando a los perseguidores. Y una vez más, salvó Jehová a Moisés de las aguas y con él salvó a la multitud que se alejó de Egipto.(19)
Y las aguas amargas(20) fueron endulzadas por el árbol que Moisés puso en ellas. Y Jehová dio al pueblo de comer Qué-es-esto.(21) Y por ello el pueblo se sostuvo y no murió en el desierto y así llegó hasta el sagrado monte Sinaí.
 “Todo el monte Sinaí humeaba, porque Jehová había descendido sobre él en fuego; y el humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía en gran manera. El sonido de la bocina iba aumentando en extremo; Moisés hablaba, y Dios le respondía con voz tronante. Y descendió Jehová sobre el monte Sinaí, sobre la cumbre del monte; y llamó Jehová a Moisés a la cumbre del monte, y Moisés subió.(22)... Todo el pueblo observaba el estruendo y los relámpagos, y el sonido de la bocina, y el monte que humeaba; y viéndolo el pueblo, temblaron y se pusieron de lejos”.(23)
Y entonces, Jehová Dios entregó a los hombres la Ley que buscaban desde sus primeros padres. En dos tablas de piedra grabó Dios los diez Mandamientos que los hombres debían observar para acercarse a él. Y también les dio leyes que sirvieran para formarlos en su Historia. Así Moisés condujo a Israel hasta la tierra prometida por el Señor. Y subió desde los campos de Moab al monte Nebo, a la cumbre del Pisga que está enfrente de Jericó. Entonces Moisés vio. “Y le dijo Jehová: Esta es la tierra que juré a Abraham, a Isaac y a Jacob, diciendo: A tu descendencia la daré. Te he permitido verla con tus ojos, mas no pasarás allá. Y murió allí Moisés siervo de Jehová, en la tierra de Moab, conforme al dicho de Jehová. Y lo enterró en el valle, en la tierra de Moab, enfrente de Bet-peor; y ninguno conoce el lugar de su sepultura hasta hoy...(24) Y nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés, a quien haya conocido Jehová cara a cara; nadie como él en todas las señales y prodigios que Jehová le envió hacer en tierra de Egipto, a Faraón y a todos sus siervos y a toda su tierra, y en el gran poder y en los hechos grandiosos y temibles que Moisés hizo a la vista de todos“.(25)



1.-      Génesis 2, 9 y 2, 16-17.
2.-      En base al libro V de El Paraíso Perdido, de J. Milton.
3.-      Génesis 3, 4-5.
4.-      En este relato, la serpiente se interesa en que el hombre adquiera la ciencia pero impide que cobre la inmortalidad siguiendo la tónica del mito de Gilgamesh “aquél que todo lo supo”, pero que regresó a morir en Uruk.
5.-      Génesis 3, 22-24.
6.-      Anuncio de la Ley Mosaica.
7.-      Génesis 22, 1-14.
8.-      “Dijo también Dios a Abraham: A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara será su nombre. Y la bendeciré, y también te daré de ella un hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella. Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara de noventa años, ha de concebir?” ibid. 17, 15-18.
9.-      “Entonces dijo: De cierto volveré a ti; y según el tiempo de la vida, he aquí que Sara tu mujer tendrá un hijo. Y Sara escuchaba a la puerta de la tienda, que estaba detrás de él. Y Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres. Se rió, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo? Entonces Jehová dijo a Abraham: por qué se ha reído Sara diciendo: ¿Será cierto que he de dar a luz siendo ya vieja? ¿Hay para Dios alguna cosa difícil? Al tiempo señalado volveré a ti, y según el tiempo de la vida, Sara tendrá un hijo. Entonces Sara negó, diciendo: No me reí; porque tuvo miedo. Y él dijo: No es así, sino que te has reído”. Ibid. 18, 10-16.
10.-    El tema de Abraham fue tratado dramáticamente por Kierkegaard en Temor y Temblor. En uno de los posibles libretos sobre el tema del holocausto dice: “Era muy de mañana; Abraham se levantó, abrazó a Sara, compañera de su vejez, y Sara dio un beso a Isaac, que la había preservado del escarnio, y era su orgullo y esperanza para la posteridad. Anduvieron en silencio; la mirada de Abraham permaneció fija en el suelo hasta el día cuarto; entonces levantando los ojos vio en el horizonte las montañas de Morija; y bajó de nuevo la mirada. En silencio, preparó el holocausto y ató a Isaac; en silencio extrajo el cuchillo; entonces, vio el carnero que proveyó Dios. Lo sacrificó y regresó... A partir de ese día, Abraham se hizo viejo; no pudo olvidar cuánto había exigido Dios de él. Isaac continuó creciendo; pero los ojos de Abraham se habían nublado; ya no vio más la alegría”. (O. C. pág. 15. Losada. Buenos Aires. 1979). Por nuestra parte, en lugar de insistir en la culpa como un motivo de la existencia, hemos destacado ciertos aspectos retributivos del mito en lo que hace a la burla divina frente a la risa motivada por la incredulidad.
11.-    Este es el tema de Jacob, pero también Moisés lucha con Dios. Así se nos dice: “Y aconteció en el camino, que en una posada Jehová le salió al encuentro y quiso matarlo”. Exodo. 4, 24.
12.-    Israel, esto es “el que lucha con Dios”, o “Dios lucha”.
13.-    Peniel, esto es “el rostro de Dios”.
14.-    “Los lexicógrafos árabes explican que la naturaleza de la renquera producida por lesión en el tendón femoral de la articulación del muslo obliga a una persona a andar sobre la punta de los dedos. Esta dislocación de la cadera es común entre los luchadores y la describió por primera vez Harpócrates. El desplazamiento de la cabeza del fémur alarga la pierna, aprieta los tendones del muslo y produce espasmo en los músculos, lo que obliga a caminar contoneándose, con el talón constantemente elevado, como la renquera que atribuye Homero al dios Hefestos. La creencia en que el contacto con los jinn trae como consecuencia una manera de andar floja y como descoyuntada se encuentra entre los árabes, quizá en recuerdo de la danza renqueante que bailaban los devotos que se creían poseídos divinamente como los profetas de Baal en el monte Carmelo (Reyes XVIII.26). Beth Hogláh, cerca de Jericó, puede haber sido llamada así por esta razón, porque hajala significa en arábigo renquear o saltar y tanto Jerónimo como Eusebio llaman a Beth Hogláh ‘el lugar de la danza del anillo’. Los tirios bailaban esa danza en honor de Hércules Melkart. Es posible, en consecuencia, que el mito de Penuel explicase originalmente una ceremonia renqueante que conmemoraba la entrada triunfante de Jacob en Canaán después de luchar con un rival”. Los Mitos Hebreos. Op. Cit., pág.200, nota 7.
15.-    El tema de la renguera divina está muy extendido en la mitología universal. Desde el Hefesto cojo que es arrojado del Olimpo hasta los nativos Tereno y los de la isla de Vancouver. Los Ute de Whiterocks en Utah, practicaban “danzas rengueantes”, esto también se lee en un texto talmúdico que refiere la danza claudicante celebrada hacia el siglo II d.C. con el objeto de favorecer las lluvias. Esta idea de la renguera divina aparece también en la China arcaica. El fundador de la dinastía Yin, T’ ang que luchó contra la sequía y Yu el Grande, fundador de la dinastía Chang, eran hemipléjicos y rengueaban. Comentarios sobre este particular, los encontramos en Frazer (La Rama Dorada, 4, vol. 7) y en C. Lévi-Strauss (Mitológicas II, De la Miel a las Cenizas. F.C.E. México. 1972. Pp. 383-386). En este punto de las danzas claudicantes o de las rengueras realizadas con el objeto de promover las lluvias, opinamos que el o los oficiantes del ritual simulan el malestar de algunas personas que al acercarse las tormentas acusan dolores artríticos. En esos caso, se trata de “engañar” al cielo y, dentro de esa lógica, si se renguea es porque viene la lluvia, por tanto, ésta no tiene más que producirse. En el caso de Jacob, su lucha y la renguera emergente, creemos que si bien podría tratarse de un rito, éste no está referido al tema de las lluvias sino al del cambio de estado del protagonista confirmado en la permutación de su nombre, nada menos que por el de Israel. Recordemos que en el otro caso de lucha con Jehová, Moisés no queda rengo pero se produce de inmediato la circuncisión y todo esto ocurre en el trayecto de regreso a Egipto siguiendo el mandato de Dios para rescatar a su pueblo de la prisión del Faraón. Por tanto, la anécdota de “el intento” de Jehová por “matar” a Moisés, refleja también un posible ceremonial de cambio de estado.
16.-    No podemos menos que transcribir algunos párrafos del curioso estudio de Freud respecto a Moisés y el monoteísmo. Aunque sus razonamientos no están del todo avalados por la certeza histórica, son dignos de tenerse en cuenta en algunos aspectos. Desde luego, no reproduciremos aquí los temas psicoanalíticos de la tesis. El trabajo de marras, bajo el título de “Moisés y el monoteísmo” (O. C. Volumen XXIII. Amorrortu, Buenos Aires, 1980), trata de demostrar en el capítulo primero que Moisés fue un egipcio y para ello cita un documento de Sargón de Agadé (fundador de Babilonia, h. 2800 a.C) en el que aparece la leyenda del rescate de las aguas que circulaba en todo el mundo cultural de la Mesopotamia y por tanto era conocido por los semitas nacidos en Babilonia o, como Abrahám, en Ur de Caldea. El escrito dice: “Yo soy Sargón, el rey poderoso, el rey de Agadé. Mi madre fue una vestal; a mi padre no lo conocí, en tanto que el hermano de mi padre moraba en la montaña. En mi ciudad de Azupirani, situada en el valle del Éufrates, quedó de mí embarazada mi madre, la vestal. Me parió a escondidas. Me puso en una canasta de cañas, tapó los orificios con betún y me abandonó a la corriente del río, pero la corriente no me ahogó. El río me llevó hasta Akki, el que saca el agua. Akki, el que saca el agua, en la bondad de su corazón me recogió. Akki, el que saca el agua, me crió como si fuera su propio hijo..”., etc. Más adelante (tercera parte, pág. 57 y sig.), Freud dice: “... la religión de Atón fue abolida, y la residencia del faraón motejado de herético fue víctima de la destrucción y el saqueo. Hacia el año 1350 a.C. se extinguió la dinastía decimoctava; le sucedió una época de anarquía, tras la cual restableció el orden el general Haremhab, quien gobernó hasta 1315 a.C. La reforma de Ikhnatón parecía un episodio destinado al olvido. Hasta aquí lo comprobado históricamente; lo que sigue es nuestra continuación hipotética. Entre las personas allegadas a Ikhnatón se encontraba un hombre que quizá se llamaba Thotmés, como muchos otros en esa época; el nombre no importa mucho, sino sólo que su segundo componente debió de ser ‘mose’. Ocupaba un alto puesto, era un secuaz convencido de la religión de Atón, pero, por oposición al caviloso rey, era un hombre enérgico y apasionado. Para él, el final de Ikhnatón y la apostasía de su religión significaba el fin de todas sus expectativas... En el apremio del desengaño y la soledad se volvió a estos extranjeros, buscó en ellos el resarcimiento de sus pérdidas. Los eligió como su pueblo, intentó realizar en ellos sus ideales. Luego que acompañado por la gente de su séquito, hubo abandonado con ellos Egipto, los santificó mediante el signo de la circuncisión, les impartió leyes, los introdujo en las doctrinas de la religión de Atón que los egipcios acababan de abolir”. Y hasta aquí, Freud. En lo que hace a la circuncisión sabemos que esta ya había sido establecida antes de Moisés y en cuanto a su uso por diversos pueblos, incluso el egipcio, puede probarse históricamente sin por ello hacerla derivar exclusivamente de los habitantes del Nilo. Moisés pudo haber sido egipcio, eso no nos parece de especial importancia. El tema de interés radica en que la influencia cultural egipcia se hizo sentir en esa porción del pueblo judío afincada en tierra de los faraones. Los acontecimientos desencadenados por Akenatón fueron muy próximos a la época del Exodo y las tesis religiosas que sostuvo Moisés, también coincidieron con las del reformador egipcio. En cuanto al interés histórico experimentado por Freud, debemos recordar que hacia 1934 circulaban numerosas hipótesis sobre el origen egipcio de Moisés, entre otras las de Breasted y de Eduard Meyer que nuestro autor cita a menudo haciéndose eco de la discusión planteada. Desde luego que para Freud no era indiferente el tema de la fundación religiosa ya desde su Tótem y tabú de 1913. Cuando en el Moisés y el monoteísmo, se concluye que Moisés fue asesinado por un grupo de sus liderados, todos los antecedentes del caso y especialmente la relación padre-hijo no pueden pasarse por alto, por lo menos dentro de la lógica psicoanalítica o de la tradición antropológica representada por J. G. Frazer, de quien Freud era tributario. Aquél sostenía que el asesinato de los jefes era una tendencia marcada o solapada, pero existente en numerosas sociedades. Como a su vez los jefes saben o intuyen esto, la gente tiene que cuidarlos y cuidarse de ellos (“He must not only be guarded, he must also be guarded against”).
17.-    Exodo 3, 2-16. Ver también: Exodo 6, 2-3.
18.-    Ibid. 12, 37-38.
19.-    Según Eusebio y Julio Africano, Amenofis hizo construir un canal que comenzando en el Nilo a la altura de Coptos, más abajo de Tebas, penetraba por Cosseir en el Mar Rojo. Este canal fue cegado durante la invasión de Cambises. A su vez, Aristóteles comenta que Ramses II o Sesostris, abrió un canal por el istmo. Los trabajos fueron interrumpidos y luego continuados por Necos hasta que la obra quedó concluida por Dario. El canal empezaba en Patumos sobre el Mar Rojo y terminaba en el Nilo hacia Bubasto. Los Ptolomeos lo mejoraron y cuenta Estrabón haberlo visto en actividad. Fue conservado por los romanos hasta siglo y medio después de la conquista árabe. Al parecer, el canal fue cegado y reconstruido por Omar, volviendo a hacerse navegable hasta el 765, fecha en la que Almanzor decidió inutilizarlo para evitar que Mohamed-ben-Abula, recibiese víveres de sus compañeros sublevados. Para más detalles sobre la historia de las canalizaciones egipcias, ver Rompimiento del Istmo de Suez, de Cipriano S. Montesinos. En lo referente al paso de los Israelitas por un lugar seco del Mar Rojo todo hace pensar que, en efecto, existía un sistema de esclusas en un ramal conectado con el Nilo, o bien (ya que los datos históricos faltan en este punto), que se estaba en obra canalizando en seco dos sectores que luego habrían de ser unidos por el agua. Si ese fue el caso, las paredes a modo de presas de contención provisoria permitían terminar los trabajos de canalización. Probablemente, por una de esas paredes se desplazó el equipo pesado de los egipcios y bien pudo producirse un fuerte desmoronamiento. Si esta explicación resulta poco creíble, debemos recordar el proyecto de trazado indirecto del canal de Suez, de acuerdo a Stéphenson, Negrelli y Paulín Talabot. De acuerdo a ese plan, conocido como de Linant-Bey, se trataba de realizar 24 esclusas comunicando el Mar Rojo con el Nilo. Por otra parte, en la inauguración oficial del canal de Suez el 17 de Noviembre de 1869, numerosos tramos llegaban escasamente a los 22 metros de ancho y la profundidad era de 8,50 y 9 metros. No estamos hablando entonces de tan gigantescos tramos ni de esclusas tan altas.
20.-    “Y llegaron a Mara, y no pudieron beber las aguas de Mara porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara”. Exodo 15, 23.
21.-    “Y la casa de Israel lo llamó Maná; y era como semilla de culantro, blanco, y su sabor como de hojuelas con miel”. Ibid 16, 31. Aquí “maná” quiere decir “¿Qué es esto?” en referencia a la sorpresa que mostraron los israelitas al comer las semillas que les presentaba Moisés.
22.-    Exodo 19, 18-21.
23.-    Ibid. 20, 18.
24.-    Deuteronomio 33, 4-7.
25.-    Ibid. 33, 10-12.