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Porqué nos lastimamos unos a otros: la carta de Tolstói a Ganghi, sobre el amor, la violencia y la condición humana


 

7 de septiembre de 1910. Pocas semanas antes de morir en la estación de tren de Astapovo,
Tolstói escribe la última de sus cartas a Mahatma Gandhi. El futuro padre de la independencia de la India vivía entonces en Sudáfrica, controlada por las metrópolis europeas, donde luchaba por los derechos de los indios que trabajaban en ese país.

 El concepto de no responder al mal con mal fue el arma pacífica de Gandhi en su lucha contra el dominio británico. En un interesante giro de la historia, Tolstói, a su vez, recibió inspiración en el desarrollo de su doctrina de la no violencia tras conocer de cerca la cultura india durante sus años de estudiante en la Facultad de Filosofía Oriental en la Universidad de Kazán.


La correspondencia entre Tolstói y Mahatma Gandhi es una parte inalienable de la valiosa herencia cultural y espiritual que rusos e indios pueden hoy admirar y apreciar.
La comunicación entre los dos pensadores, que se prolongó durante años, empezó en 1908, cuando Tarakuatta Das, editor de la revista El Indostán libre, se dirigió a Tolstói para pedirle que, en calidad de escritor influyente, expresase su opinión sobre la difícil situación que vivía la India.
Tolstói respondió con su famosa «Carta a un hindú». Gandhi se interesó por el artículo y le escribió. En aquella época, Gandhi aún era un abogado desconocido que trabajaba en Sudáfrica, y Tolstói se había convertido ya en un eminente escritor y filósofo. A pesar de esta diferencia, los dos se sintieron espiritualmente cercanos desde las primeras cartas. 
Tolstói / Gandhi

Quizás estas palabras sirvan para iluminar la compleja y adversa situación que vivimos como mundo hoy en día.
A MOHANDAS GANDHI
Kóchety, a 7 de septiembre de 1910
Recibí su revista Indian Opinion y me alegró leer lo que ahí se escribe sobre quienes practican la no-resistencia. Me gustaría comunicarle las ideas que me suscitó esa lectura.
Cuanto más vivo, y especialmente ahora que siento con tanta agudeza la cercanía de la muerte, quiero comunicar a los demás algo que percibo de manera muy aguda y que, en mi opinión, es de una enorme gravedad. Se trata de aquello que suele llamarse la no-resistencia, pero que, en realidad, no es otra cosa que la doctrina del amor no desfigurada por falsas interpretaciones. Que el amor, es decir la aspiración de las almas humanas a la unión, y que la actividad que se desprende de esa aspiración es la ley única y suprema de la vida humana es algo que todo hombre sabe y siente en el fondo de su alma (con mayor claridad puede verse en los niños); lo sabe y lo siente mientras no se enreda en las doctrinas falsas del mundo. Esta ley ha sido proclamada por todos los sabios del universo, hindúes, chinos, judíos, griegos y romanos. En mi opinión, quien mejor la expresó fue Cristo al decir, sin rodeos, que en ella se resumían la Ley y los Profetas. Pero más aún, previendo las distorsiones que sufre y puede sufrir esta ley, señaló el peligro de su distorsión, propio de las personas demasiado atadas a los intereses mundanos, es decir, el peligro de permitirse defender sus intereses por medio de la fuerza, es decir, como Él dijo, de devolver con un golpe el golpe recibido, de recuperar por la fuerza los objetos expoliados, etcétera, etcétera. Él sabía, como lo sabe y no puede no saberlo toda persona sensata, que la práctica de la violencia no es compatible con el amor como ley fundamental de la vida, que en cuanto se tolera la violencia, en cualquier caso que sea, se reconoce la insuficiencia de la ley del amor y por lo tanto se niega la ley misma. Toda la civilización cristiana, tan brillante en su superfície, se desarrolló a partir de este evidente y curioso malentendido, a partir de esta contradicción, en ocasiones consciente pero, la mayor parte de las veces, inconsciente.
En cuanto se admitió la resistencia a la par que el amor, ya no existía ni podía existir el amor como una ley de la vida, y, al no existir la ley del amor, no existía ninguna ley que no fuera la de la violencia, es decir, la del poder del más fuerte. Así vivió la humanidad cristiana durante diecinueve siglos.
Es cierto que en todas las épocas la gente se ha guiado por la violencia para organizar su vida. La diferencia entre los pueblos cristianos y los demás pueblos consiste en que, en el universo cristiano, la ley del amor se expresó con tanta claridad y precisión como no se había hecho en ninguna otra doctrina religiosa, y que la gente del universo cristiano adoptó solemnemente esta ley, pero, al mismo tiempo, se autorizó a sí misma la violencia y edificó su vida sobre la violencia. Y por lo tanto, toda la vida de los pueblos cristianos es una constante contradicción entre aquello que predican y aquello sobre lo que construyen su vida: una contradicción entre el amor aceptado como ley de vida y la violencia considerada incluso indispensable en ciertos casos, como el poder de los gobernantes, los tribunales y los ejércitos, tenidos por admisibles y loables. Esta contradicción fue creciendo a la par que se desarrollaban los pueblos del universo cristiano y, en los últimos tiempos, ha alcanzado su punto culminante. La cuestión ahora, es obvio, se plantea así: una de dos, o reconocemos que no reconocemos ninguna doctrina ético-religiosa y nos guiamos en la organización de nuestra vida sólo por el poder del más fuerte, o bien, reconocemos que han de ser abolidos nuestros impuestos recaudados por la fuerza, así como nuestras instituciones judiciales y policíacas y, sobre todo, el ejército.
La primavera pasada, durante un examen de instrucción religiosa en un instituto religioso de Moscú, el profesor y un prelado que estaba presente interrogaban a las alumnas sobre los mandamientos y, en particular, el sexto. Cuando la respuesta era correcta, el prelado hacía otra pregunta: «¿Las Escrituras prohíben el asesinato siempre, en todos los casos?». Y las desdichadas jovencitas, corrompidas por sus mentores, tenían que contestar, y contestaban que no siempre, que el asesinato está permitido en las guerras y para castigar a los criminales. Sin embargo, cuando a una de esas desdichadas jovencitas (lo que le cuento no es una fantasía, sino un hecho que me refirió un testigo) se le hizo la misma pregunta: «¿Siempre es un pecado matar?», aunque ruborizándose y nerviosa, respondió con firmeza que sí, que siempre es un pecado matar, y a todos los sofimas del prelado respondía con firme convicción que el asesinato siempre está prohibido, que está prohibido en el Antiguo Testamento, y que Cristo no solamente había prohibido matar, sino hacer cualquier tipo de mal al prójimo. Y no obstante su grandeza y su manejo de la retórica, el prelado guardó silencio y la joven salió victoriosa del aula.
Sí, podemos hablar en nuestros periódicos de los logros de la aviación, de complicadas relaciones diplomáticas, de distintos clubes, descubrimientos, alianzas de todo tipo, o de las llamadas obras de arte, y no mencionar lo que dijo esta joven; pero deberíamos mencionarlo, porque eso es lo que siente, de una manera más o menos vaga, pero eso es lo que siente todo cristiano. El socialismo, el comunismo, el anarquismo, el Ejército de Salvación, el aumento del crimen, el desempleo de la población, el lujo demencial de los ricos frente a la miseria de los pobres, el numero de suicidios que aumenta de manera aterradora: todo esto son indicios de esa contradicción interna que debe ser y será solucionada. Se entiende que se solucionará en el sentido del reconocimiento de la ley del amor y de la negación de toda violencia. Y, por lo tanto, el trabajo que está usted llevando a cabo en el Transvaal, que a nosotros nos parece el fin del mundo, es un asunto capital, la actividad más importante de todas las que se están llevando a cabo en este momento en el mundo y en la que participarán, ineludiblemente, no sólo los pueblos cristianos, sino el mundo entero. Creo que le agradará saber que también aquí, en Rusia, se está desarrollando rápidamente esta labor bajo la forma de negativas al servicio militar, tanto los unos como los otros pueden decir sin temor que Dios está con ellos. Y Dios es más poderoso que los hombres.
En la aceptación del cristianismo, aun en la forma distorsionada en la que se profesa entre los pueblos cristianos, y en la aceptación, al mismo tiempo, de la necesidad de ejércitos y armamentos destinados a matar masivamente en las guerras, hay una contradicción tan obvia y tan escandalosa que inevitablemente, tarde o temprano, es probable que, bastante más temprano que tarde, salga a la luz y acabe o bien con la aceptación del cristianismo, necesaria para mantener el poder, o bien con la existencia del ejército y de toda la violencia avalada por él, igualmente indispensable para el poder. Todos los gobiernos, tanto el suyo británico, como nuestro gobierno ruso, sienten esta contradicción y, por un natural instinto de conservación, la persiguen con mayor energía que cualquier otra actividad antigubernamental, como lo vemos en Rusia y como también puede verse por los artículos de su revista. Los gobiernos saben dónde se encuentra el mayor peligro para ellos, y están siempre atentos, ya no sólo a sus intereses, sino a la cuestión de ser o no ser.
Con todos mis respetos,
León Tolstói


Fuente  Lucio V. Pinedo Link

La oracion del Nahual


Ya me di al poder que a mi destino rige.
No me agarro ya de nada, para así no tener nada que defender.
No tengo pensamientos, para así poder ver.
No temo ya a nada, para así poder acordarme de mí.
Sereno y desprendido,
me dejará el Águila pasar a la Libertad.


Chaman Aguila Blanca 

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/7/7a/Codex_Borgia_page_22.jpg/365px-Codex_Borgia_page_22.jpg


La física cuántica demuestra que hay vida después de la muerte

Hay vida después de la muerte, y la muerte es una ilusión creada por nuestra conciencia. Un científico estadounidense ha encontrado pruebas de esta teoría en la física cuántica.
"Creemos que la vida es solo la actividad del carbono y una mezcla de moléculas; vivimos un tiempo y después nos pudrimos bajo tierra", escribió el doctor en medicina Robert Lanza, citado por el diario británico 'Daily Mail'.
Este profesor de la Escuela de Medicina de la Universidad Wake Forest de Carolina del Norte argumentó que los humanos creemos en la muerte porque "nos han enseñado a creer que morimos"; es decir, nuestra conciencia asocia la vida con el cuerpo, y sabemos que el cuerpo muere.
Su teoría, denominada 'biocentrismo' o 'universo de la biocéntrica', explica que la muerte no puede ser tan terminal como creemos. Según esta teoría, la biología y la vida originan la realidad y el universo, y no a la inversa.
De eso se desprende que la conciencia determina la forma y el tamaño de los objetos del universo.
Para dar un ejemplo, Lanza se centra en cómo percibimos el mundo que nos rodea. Una persona ve el cielo azul y le dicen que ese color es el 'azul', "pero se pueden cambiar las células de su cerebro para que vea el cielo de color verde o rojo".
Nuestra conciencia da sentido al mundo y puede ser alterada para cambiar nuestra interpretación. Desde el punto de vista de la biocéntrica, el espacio y el tiempo no se comportan de manera tan rígida ni tan rápida como nos presenta nuestra conciencia.
Si aceptamos la teoría de que el espacio y el tiempo simplemente son 'herramientas de nuestra mente', entonces la muerte y la idea de la inmortalidad existen en un mundo sin límites espaciales ni lineales.
Los físicos teóricos creen que hay una cantidad infinita de universos en los que diversas variaciones de personas y situaciones existen y ocurren simultáneamente.
Lanza afirma que todo lo que puede suceder sucede en algún momento en todos estos 'multiversos' (los múltiples universos posibles), lo que significa que la muerte no puede existir "en un sentido real".
Según Lanza, que participó en los primeros experimentos de clonación, cuando morimos nuestra vida se convierte en una "flor perenne que vuelve a florecer en el multiverso".
Para corroborar su teoría, el científico citó un experimento conocido como 'experimento de la doble rendija', que demuestra que la percepción humana participa en el comportamiento de la materia y la energía.
Fuente: RT

Extractos del discurso de Luis Britto García a los jefes de Estado de la Unión Europea

Exposición del Cacique Guaicaipuro Cuatemoc ante la reunión de
Jefes de Estado de la Comunidad Europea (08/02/2002).
Con lenguaje simple, que era trasmitido en traducción simultánea a más de un centenar de Jefes de Estado y dignatarios de la Comunidad Europea 


 
Luis Britto García, con motivo del Día de la resistencia indígena, escribió el texto «Guaicaipuro Cuatemoc cobra la deuda a Europa», que fue publicado por el diario El Nacional de Caracas, el 18 de octubre de 1990.








Atribuido tambien a Evo Morales con posterioridad


“Aquí pues yo, he venido a encontrar a los que celebran el encuentro.
“Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América hace 40 mil años, he venido a encontrar a los que la encontraron hace sólo 500 años.
“Aquí pues, nos encontramos todos. Sabemos lo que somos, y es bastante.
“Nunca tendremos otra cosa.
“El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder descubrir a los que me descubrieron. El hermano usurero europeo me pide pago de una deuda contraída por Judas, a quien nunca autoricé a venderme.
“El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con intereses aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles consentimiento.
“Yo los voy descubriendo. También yo puedo reclamar pagos y también puedo reclamar intereses. Consta en el Archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo y firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a San Lucas de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América.
“¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque sería pensar que los hermanos cristianos faltaron a su séptimo mandamiento. ¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de figurarme que los europeos, como Caín, matan y niegan la sangre de su hermano!
“¿Genocidio? Eso sería dar crédito a los calumniadores, como Bartolomé de las Casas, que califican al encuentro como de destrucción de las Indias, o a ultrosos como Arturo Uslar Pietri, que afirma que el arranque del capitalismo y la actual civilización europea se deben a la inundación de metales preciosos.
“¡No! Esos 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata deben ser considerados como el primero de muchos otros préstamos amigables de América, destinados al desarrollo de Europa. Lo contrario sería presumir la existencia de crímenes de guerra, lo que daría derecho no sólo a exigir la devolución inmediata, sino la indemnización por daños y perjuicios.
“Yo, Evo Morales, prefiero pensar en la menos ofensiva de estas hipótesis.
“Tan fabulosa exportación de capitales no fueron más que el inicio de un plan Marshalltesuma, para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, creadores del álgebra, la poligamia, el baño cotidiano y otros logros superiores de la civilización.
“Por eso, al celebrar el Quinto Centenario del Empréstito, podremos preguntarnos: ¿Han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable o por lo menos productivo de los fondos tan generosamente adelantados por el Fondo Indoamericano Internacional? Deploramos decir que no.
“En lo estratégico, lo dilapidaron en las batallas de Lepanto, en armadas invencibles, en terceros reichs y otras formas de exterminio mutuo, sin otro destino que terminar ocupados por las tropas gringas de la OTAN, como en Panamá, pero sin canal.
“En lo financiero, han sido incapaces, después de una moratoria de 500 años, tanto de cancelar el capital y sus intereses, cuanto de independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta y provee todo el tercer mundo.
“Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman según la cual una economía subsidiada jamás puede funcionar y nos obliga a reclamarles, para su propio bien, el pago del capital y los intereses que, tan generosamente hemos demorado todos estos siglos en cobrar.
“Al decir esto, aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarles a nuestros hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas del 20 y hasta el 30 por ciento de interés, que los hermanos europeos le cobran a los pueblos del tercer mundo. Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo del 10 por ciento, acumulado sólo durante los últimos 300 años, con 200 años de gracia.
“Sobre esta base, y aplicando la fórmula europea del interés compuesto, informamos a los descubridores que nos deben, como primer pago de su deuda, una masa de 185 mil kilos de oro y 16 millones de plata, ambas cifras elevadas a la potencia de 300.
“Es decir, un número para cuya expresión total, serían necesarias más de 300 cifras, y que supera ampliamente el peso total del planeta Tierra.
“Muy pesadas son esas moles de oro y plata. ¿Cuánto pesarían, calculadas en sangre?
“Aducir que Europa, en medio milenio, no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar ese módico interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo.
“Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los indoamericanos.
“Pero sí exigimos la firma de una Carta de Intención que discipline a los pueblos deudores del Viejo Continente, y que los obligue a cumplir su compromiso mediante una pronta privatización o reconversión de Europa, que les permita entregárnosla entera, como primer pago de la deuda histórica”.